Turismo: La eterna costumbre de no darle el lugar que corresponde.

La buena voluntad, el sentido común, la capacidad para escuchar, dialogar y rodearse de gente idónea, van de suyo en cualquier actividad pero de ninguna manera pueden ser tomadas como suficientes para suplir la falta de las condiciones básicas que se necesitan para ser considerado idóneo para ejercer la máxima responsabilidad de un organismo público que es clave en el desarrollo del país.

Es habitual, sobre todo en Sudamérica, que a la hora de elegir el máximo responsable del organismo de gobierno responsable de las políticas públicas de turismo, el cargo sea confiado a personas quienes, al margen de su merecimientos por la contribución política que puedan haber hecho al partido o alianza gobernante, no tienen ningún conocimiento profundo de una industria compleja como es el turismo.

No vamos a ser incrédulo respecto de los manejos de la política, los cuales por supuesto los comprendemos y aceptamos. La política tiene sus reglas de juego y, en tanto no conspiren contra el derecho a la libertad y el respeto mutuo, deben ser aceptadas por todos, aún por quienes no participan de actividad partidaria.

En ese marco, entendemos que a la hora de definir la designación de ministros, secretarios y demás integrantes de cargos de responsabilidad que acompañarán al Presidente de cualquier país en el compromiso para liderar los destinos de su nación, los candidatos para ocupar aquellas responsabilidades surjan principalmente de los cuadros políticos de sus partidos, de partidos aliados y/o allegados a los mismos.

A veces tenemos la sorpresa que en ciertas circunstancias veamos la designación de extra-partidarios, apartidarios y, hasta en alguna ocasión, alguien de la oposición. Forma parte de aquel juego de la política y la democracia.

Ahora bien, al margen de aquella regla de juego a nadie se le ocurriría designar como ministro de Economía o Finanzas, por ejemplo, a alguien que no solo no tenga la formación adecuada, sino que no pudiera acreditar una trayectoria que asegure contar con una experiencia concreta en la materia.

Lo mismo ocurre con la designación de los máximos responsables de carteras como Salud, Justicia, Educación y hasta me animaría a decir Cultura, por ejemplo, para las cuales también resultaría impensable designar personas que no cuenten con la formación, conocimiento, experiencia y contactos que garanticen un desempeño adecuado de las funciones a cargo.

La mayor prueba de lo que menciono es que a ningún gobernante se le ocurriría confiar los ministerios políticos, como Interior por ejemplo, a ninguna persona que no tenga todos aquellos requisitos que le puedan asegurar al Presidente en cuestión contar con la persona idónea para manejar adecuadamente las responsabilidades de esa cartera. Es que todos los gobernantes hacen política -sino no estarían dónde están- o sea de eso saben y como tal, a la hora de considerar candidatos para una cartera como esta no dudan de que debe tratarse de profesionales idóneos. La política, al margen de la vocación, pasión y disposición de servicio, necesita también de profesionalismo.

Porque es entonces que con gran habitualidad, principalmente en Sudamérica, se confían los Ministerios o Secretarías de Turismo a personas que no tienen ningún formación, conocimiento y experiencia para con el tema.

El turismo es una industria compleja que casi no tiene barreras de entrada, con todo lo bueno y malo que eso significa. Una industria que ha crecido como ninguna otra en los últimos 50 ó 60 años hasta la llegada de la pandemia de covid-19. Una industria mano de obra intensiva, mano de obra que mayoritariamente reside en los destinos donde se produce el hecho turístico. Una industria con una gran capacidad para generar divisas y atraer nuevas inversiones. Una industria que ha sido devastada por la pandemia pero que tiene como lo ha demostrada siempre una capacidad de resiliencia como ninguna otra. Una industria que tiene una fuerte y veloz capacidad de reactivación. Una industria que, más que nunca, aún cuando siempre debiera de ser así, tiene que contar con gente idónea y probadamente conocedora de la materia.

Es una verdad absoluta que suele pasar inadvertida, que no es lo mismo ser un viajero, por más frecuente que se pueda ser, que ser un profesional de la industria del turismo.

La buena voluntad, el sentido común, la capacidad para escuchar, dialogar y rodearse de gente idónea, van de suyo en cualquier actividad pero de ninguna manera pueden ser tomadas como suficientes para suplir la falta de las condiciones básicas que se necesitan para ser considerado idóneo para ejercer la máxima responsabilidad de un organismo público que es clave en el desarrollo de un país.

En los últimos meses tres países de la región han tomado decisiones sobre sus organismos de turismo.

Me refiero a Perú, donde Eduardo Azabache Alvarado fuera designado como nuevo Director General de Estrategia Turística; a Ecuador, donde Niels Olsen fue designado como nuevo Ministro de Turismo, y a Uruguay, donde recientemente Tabaré Viera Duarte fuera designado como nuevo Ministro de Turismo.

En el caso de los dos primeros, ambos con los antecedentes que hemos mencionado debieran ser requeridos a cualquier candidato para ocupar esas responsabilidades. En el tercer caso, un reconocido político de buenos antecedentes, que reunía las condiciones personales y políticas para hacerse con el cargo, pero sin aquellas condiciones esenciales señaladas. Por supuesto no es el único caso, en Argentina, con la llegada del Presidente Alberto Fernández fue designado como Ministro Matías Lammens, miembro de la coalición gobernante sin antecedentes en el tema turismo pero con el descargo que su cartera es de Turismo y Deportes, un error que se ha repetido muchas veces, seguramente en la creencia que estamos hablando de cosas parecidas cuando en realidad todos sabemos, aún sin mayor formación, que se trata de cosas totalmente distintas.

La actividad turística ha comenzado su retorno a la normalidad, así lo demuestran muchos países al este del Atlántico, y seguramente lo mismo ocurrirá en este otro lado.

No tenemos dudas que volveremos a viajar como nunca lo hubiéramos imaginado.

Será esto una gran oportunidad para nuestros países. Necesitará del esfuerzo de todos, del sector privado y del sector público. Ojalá los gobiernos tomen conciencia que darle al sector el lugar que le corresponde implica considerar que las decisiones a su cargo conlleven comprender la complejidad de una industria que no solo tiene una enorme capacidad de contribuir al desarrollo económico y social del país y de su gente, sino que tiene la enorme capacidad de difundir los atributos y valores que los distinguen.

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