Mudarse a Uruguay, un plan de argentinos de alto poder adquisitivo

Texto:  Lucía Marti Garro/ Carla Quiroga  |  Diario La Nación. Sección: Propiedades

La percepción de falta de seguridad jurídica, la exposición financiera por haber blanqueado, el proyecto de impuesto a la riqueza, el efecto Vicentin y la ley de alquileres fueron la combinación perfecta para que aumentaran las consultas de argentinos que analizan irse a vivir a Uruguay. Terminan de completar el combo las ventajas impositivas que encuentra un sector de alto poder adquisitivo en el país vecino.

Las averiguaciones llegaron a inmobiliarias, estudios contables, bufetes de abogados y hasta a colegios de Uruguay. Algunos comienzan a consultar no con la decisión definitiva de instalarse sino como una forma de sondear la posibilidad: abrir el paraguas ante una futura mudanza.

En muchos casos buscan mejorar las rentas que obtienen en la Argentina. «Se incrementaron las consultas de argentinos que poseen una parte importante de su patrimonio afuera y que averiguan sobre la posibilidad de cambiar de residencia por la presión fiscal y la última reforma tributaria», comenta César Litvin, socio y CEO del estudio Lisicki Litvin y Asociados. La principal preocupación pasa por la ley de solidaridad social impulsada por el Gobierno, que elevó de 0,25% a 2,25% la alícuota máxima de gravamen sobre los bienes en el exterior abarcados por el impuesto de bienes personales.

Inversión y mudanza

Gustavo Pereira, director de la inmobiliaria Amarras y residente de Punta del Este, tuvo días agitados fuera de temporada. Durante el encierro a causa del coronavirus, arrancaba el zoom a las 10 de la mañana y lo cerraba a las 19. ¿Tema? Los argentinos que quieren invertir y mudarse al Uruguay.

«Las consultas se empezaron a acelerar desde las PASO, más que nada para la compra de inmuebles. Durante el verano se hicieron charlas que resultaron multitudinarias en hoteles y en la municipalidad de Maldonado. Pero a partir de la cuarentena, que la gente tenía tiempo, empezamos a recibir muchas consultas de residencia fiscal. Todo esto surge porque el presidente [de Uruguay] Luis Lacalle Pou dijo que quería atraer 100.000 extranjeros de buen poder adquisitivo para mover al país», cuenta.

En los últimos 15 días registró un incremento de consultas por parte de pymes y cita apenas algunas de las que recuerda que lo contactaron el día anterior: una cadena de farmacias, una hormigonera y una empresa de ambulancias.

«Desde diciembre aumentaron un 70% las consultas de argentinos tanto para invertir como para mudar su residencia fiscal, pero desde la expropiación de Vicentin subieron un 20% más», agrega Teófilo Banchero, presidente de la desarrolladora Banchero Real Estate. Tranquilidad, estabilidad y seguridad jurídica son los principales motores que impulsan a quienes planean emigrar.

Desde diciembre aumentaron un 70% las consultas de argentinos, pero desde la expropiación de Vicentin subieron un 20% .

El presidente de Uruguay firmó el 11 de junio el decreto que apunta a flexibilizar varios aspectos para obtener la residencia fiscal: el monto del valor de inversión en propiedades -que era de 1,7 millones- disminuyó a US$380.000 y el tiempo de residencia requerido bajó de 180 días a 60. En el caso de tener una empresa, antes había que hacer una inversión de US$5,3 millones y ahora es US$ 1,6 millones, con la condición de garantizar 15 empleos.

«Desde el decreto, las consultas aumentaron aún más. Lo inédito es la cantidad de permutas que nos ofrecen por propiedades en la Argentina. Desde un barco a una casa en San Fernando. No me había pasado en la crisis de 1989 ni en 2002. Y ofrecen permuta porque allá no hay operaciones de compra venta, y la gente tiene el valor pre-Covid, pero no hay precio cierto hoy», cuenta Juan Carlos Sorhobigarat, fundador y presidente de Terramar, quien además participó en la elaboración de las ideas presentadas al presidente para el decreto.

Efecto pandemia

El confinamiento voluntario y exitoso que realizó Uruguay fue otro de los factores que alentó este fenómeno. «Nunca vi este movimiento en Punta del Este. Esta es una ciudad oscura porque la mayoría de las casas está vacía en invierno y ahora hay luz», describe el consultor hotelero Arturo García Rosa, quien también afirma que los uruguayos emigraron, pandemia por medio, a la costa esteña en busca de calidad de vida.

Nunca vi este movimiento en Punta del Este. Esta es una ciudad oscura porque la mayoría de las casas está vacía en invierno y ahora hay luz.

«Desde marzo fue notorio el ingreso de extranjeros para pasar la cuarentena en un lugar donde el virus no circula como en sus lugares de residencia: personas que hasta este año sólo venían en verano y ahora están disfrutando de la calma de Punta del Este», comenta Ricardo Weiss, uno de los directores del Estudio WMW (Weiss Mora Weiss). El imán es evidente: en 1960, Maldonado tenía 60.000 habitantes, hoy ronda los 200.000, a los que se suman entre 40.000 y 50.000 que pasan estadías eventuales. Es el departamento con mayor crecimiento en la población: se estima que se suman 5000 personas cada año entre nacimientos e inmigrantes.

La corta distancia con la capital porteña es otra de las tantas fortalezas del destino. «Un vuelo en jet privado cuesta US$3500. Siguen llegando vuelos privados desde la Argentina, cada uno con entre cinco y seis pasajeros», afirma Weiss.

La oferta en educación de alto nivel que ofrecen varios colegios de la zona que ajustaron sus planes educativos de acuerdo a estándares extranjeros (especialmente a los norteamericanos) y el sistema de salud con dos mutualistas que dan cobertura a todos los seguros médicos argentinos también impulsan el desembarco. Se agrega el desarrollo del polo universitario, que movilizó a estudiantes y docentes. También es un lugar elegido por ejecutivos para vivir su retiro.

Siguen llegando vuelos privados desde la Argentina, cada uno con entre cinco y seis pasajeros.

«En la oficina, las consultas llueven: tenés a los uruguayos a la caza de argentinos en aprietos con propiedades en Punta del Este y a los argentinos que quieren poner un pie en el país», comenta Aldana Blizniuk Salaya, arquitecta argentina con más de 15 años viviendo en el país vecino. La especialista, que maneja las oficinas de la inmobiliaria Salaya Romera además de tener su propio estudio, cuenta que la mayoría busca propiedades en barrios cerrados ubicados en Punta del Este, una de las figuritas más difíciles en la oferta: hay pocas y los tickets arrancan en los US$ 500.000. Por el temor al invierno, también buscan torres con amenities. «En Le Park, hay oferta de unidades con tres dormitorios por US$700.000», detalla.

En primera persona

García Rosa recuerda con claridad la escena de una mañana del año 2012 en Alemania tras la moderación en un foro de inversiones. La noticia de la estatización de YPF en la Argentina había dado vuelta al mundo y los speakers coincidían en que dos países no estaban en el mapa de inversiones: la Argentina y Venezuela. Cuando las luces se apagaron y bajó del escenario sonó su teléfono. Del otro lado, un ministro le reprochaba que no había defendido al país. Ese fue el comienzo de una serie de llamados y eventos que finalmente lo convencieron que debía irse. «Las amenazas y un país jugando al límite con cepo al dólar, inflación negada y la falta de clima de negocios me convencieron. Con todas mis raíces y familia en la Argentina, a los 63 años decidí irme», repasa García Rosa, quien luego de analizar diferentes alternativas decidió instalarse en Uruguay y desde hace ocho años reside en La Barra, Punta del Este. «Es un país increíble con otros usos y costumbres. Es de avanzada, con respeto y valores», describe el empresario.

Hoy la historia de Arturo se repite pero con otro contexto y otros protagonistas.»Si pierdo los US$70 millones que tengo en la Argentina y es el precio que tengo que pagar para vivir el resto de mis días feliz y tranquilo, lo hago». La frase con la voz entrecortada es de un reconocido empresario que no quiere dar su nombre, ni contar su historia, pero que reconoce tener el proyecto de instalarse en Uruguay.

La idea de Mariano y su familia de cruzar el charco arrancó antes de los anuncios del gobierno uruguayo. Tenía la residencia desde hace dos años, pero ahora planea mudar la fiscal. El empresario arribó a Punta del Este hace apenas tres semanas, en uno de los Buquebus de expatriados. Se instaló en un departamento de una torre de Punta del Este, propiedad de un familiar lejano, a quien se la alquila a cambio de hacerse cargo de los gastos. El plan es que los chicos terminen el colegio con clases virtuales en la Argentina y en 2021 arrancar la nueva vida trabajando para la Argentina vía home office.

Otro caso es el de Sergio, un empresario con negocios relacionados con la medicina que manejaba las operaciones de su compañía en Brasil desde la Argentina. Ahora, lo está haciendo desde Punta del Este. «El proceso de obtener la residencia fiscal no es tan fácil. Tuve que renunciar a todas las sociedades y directorios», explica el hombre que se ilusiona con la casa que se está construyendo en Punta Ballena. «Me gusta la libertad y el respeto de este país. Además, es un lugar muy bueno para una persona que vive por el mundo», sintetiza Sergio, que en los tiempos de normalidad pasaba gran parte del año en aviones entre viajes por Estados Unidos y Brasil. «Que te vaya bien, es mala palabra en la Argentina», sintetiza al explicar por qué se fue.

El proceso de obtener la residencia fiscal no es tan fácil. Tuve que renunciar a todas las sociedades y directorios.

Pedro tiene 72 años y hace más de 60 que veranea en Uruguay. Esta temporada el plan era quedarse hasta después de Semana Santa, pero la pandemia lo «obligó» a instalarse en su chacra en las afueras de Punta del Este. Las noticias que le llegan desde la Argentina lo terminaron de decidir: no vuelve. Hoy vive del otro lado del río con su mujer, pero lejos de sus hijos, que quedaron en Buenos Aires. «Uruguay es un país especial, te recibe bien, la gente es cálida y el gobierno es muy diferente», comenta el empresario agrícola que renunció a todas sus funciones ejecutivas en la empresa que tiene en la Argentina para obtener la residencia fiscal, aún en plena tramitación. Hoy, dedicado a full a sus actividades agropecuarias en el país vecino, cuenta los días para que termine el confinamiento y poder viajar para conocer a su nieto que nació hace poco más de un mes. «Es una buena oportunidad vivir acá, pero a la vez es triste la decisión de irse del país donde uno nació», concluye.

Diferente fue el recorrido de Alejandra Covello, fundadora de la inmobiliaria que lleva su apellido. Cambió el ruido de Buenos Aires por tranquilidad, tiempo y contacto con la naturaleza. «Acá puedo llevar a mi hijo al colegio, algo que nunca pude hacer en Buenos Aires. Además, puedo manejar mis negocios en Estados Unidos y Buenos Aires desde acá», comenta Alejandra, que se instaló en febrero. «Antes de la pandemia, el proyecto era residir 70% del tiempo allá y 30% en Buenos Aires, pero ahora decidimos mudarnos definitivamente», afirma la broker con negocios en Uruguay desde hace más de 15 años. Sus hermanas, con quienes trabaja desde los inicios, serán las encargadas de tomar las riendas de las oficinas en Buenos Aires.

Sin embargo, expatriarse no es una aventura para cualquiera. Silvia Friedburg vive en Uruguay desde hace ocho años y plantea algunos puntos a tener en cuenta. «En lo económico, depende de la situación personal y también de la edad, no es lo mismo para una pareja joven que recién empieza que para el veterano que se retira con sus finanzas afianzadas. Hay que tener en cuenta que Uruguay es un país pequeño al igual que su mercado, por lo tanto, es muy importante analizar qué actividad se decide realizar».

Respecto a los afectos, asegura que instalarse definitivamente en el país vecino conlleva un costo en lo social. «Acomodarse a la nueva situación lleva años, en especial lo vinculado a la formación de un nuevo círculo de amigos», afirma.

Uruguay es un país pequeño al igual que su mercado, por lo tanto, es muy importante analizar qué actividad se decide realizar.

Claves a la hora de comprar una propiedad

Más allá de las facilidades que fomenta el gobierno uruguayo, obtener la residencia fiscal no es tan sencillo. Para empezar, hay que tener en cuenta para quienes deseen hacerlo que obtener la baja en la Argentina lleva su tiempo. Respecto a la inversión, las opciones para llegar al valor requerido para la residencia fiscal se puede alcanzar comprando varias unidades chicas o una grande.

El decreto del gobierno uruguayo estima una inversión que al dólar actual equivaldría a unos US$ 380.000. «Habla del valor de compra, es decir que no importa si el valor fiscal de la propiedad es inferior», explica Federico Fischer, managing partner de Andersen Tax & Legal. Asegura que en los últimos días recibió una «ola de consultas». Muchas desde la Argentina, pero también de Brasil y otros países. Fisher apunta que la inversión en inmuebles debe ser realizada desde el 1 de julio de 2020, junto con la permanencia de 60 días al año.

Ignacio Camps, director de la inmobiliaria argentina Evoluer, reconoce que si bien en Uruguay es más caro construir que en la Argentina, es una buena apuesta. «En pozo, un proyecto top te cuesta lo mismo que en Palermo. Podés entrar en un pozo a US$3500 el m2 para terminar saliendo, una vez finalizado, en US$4500 el m2», asegura. El broker afirma que hay opciones de US$170.000 por un dos ambientes en un proyecto, por ejemplo, al lado de World Trade Center en Montevideo u otras por US$ 200.000 en Carrasco. «Son unidades que te pueden dejar una renta de alquiler anual en dólares de entre 4 y 5% anual», calcula. En preventa, los argentinos pueden «entrar» al emprendimiento invirtiendo 20% y financiar el 80% hasta la posesión.

Federico Gagliardo, presidente de la desarrolladora Vitrium Capital, señala que en plena pandemia hubo un incremento del 25% en las consultas y adelanta que junio lo cerrará con récord de ventas en ese país.

En Montevideo, hay dos tipos de vivienda, la normales y la promovidas. Estas últimas son proyectos en barrios medios con exenciones impositivas por diez años: se consiguen unidades de pozo que no superan los US$ 85.000 y se pagan financiados a 12, 24 o 36 meses.

Por último, en los próximos días se aprobará la ley que quita la obligatoriedad de bancarización de todas las operaciones. «Antes, arriba de US$4000 estabas obligado a bancarizar cualquier operación que hicieras. Con esta ley, tendrás la libertad de elegir el medio de pago en operaciones de hasta US$105.000. Esto va a ayudar a mucha gente que era reticente a abrir cuentas en los bancos, sobre todo los argentinos, a elegir otros medios de pago», comenta Banchero.

Pero quien apuesta por el país vecino tiene que saber que no se hará millonario ni obtendrá grandes ganancias. «Es como somos los uruguayos…medio aburridos, pero estables -se ríe-. Nosotros tuvimos nuestra crisis en 2002, similar a la de ustedes. El dólar se triplicó y llegó a 32 pesos. Pero veinte años después, nuestro dólar está a 42 pesos. Eso es estabilidad», dice Pereira.

Uruguay tiene una inflación de un 8% anual, y se espera que por el golpe económico de la pandemia este año suba al 9%.

El mercado esteño

Punta del Este es otro mercado y las oportunidades están dadas por los propietarios argentinos que no pueden soportar las altas expensas en dólares de los megaproyectos -en algunos casos alcanzan los US$1500 mensuales-. «Las bajas de precios dependen de la necesidad en cada caso, pero hay algunos que se venden hasta el 30% por debajo del precio publicado», agrega Blizniuk Salaya, de Salaya Romera.

«El valor oscila entre US$3000 a US$4000 el m2 para un departamento con amenities en Punta del Este, con buena vista, aunque no necesariamente primera fila», analiza. Pero cuidado con inversiones grandes: a veces los departamentos más caros tienen expensas muy altas y su target para alquilar es sólo el veraneante de la primera quincena de enero. «Lo muy top se alquila diciembre y principios de enero. Se alquila alto pero no llega a cubrir después los gastos anuales. En cambio, los intermedios se rentan más veces porque tenés un perfil de cliente también para febrero», explica.

Por último, Diego Martínez Bernie, contador y CEO de MM&A Global Consulting, comenta algunos temas impositivos clave para quien tiene una cuenta en dólares en Uruguay: «Si hay devaluación y el dólar pasa de 20 a 30, en pesos uruguayos esa persona ganó un 50%. Y como la contabilidad ante la DGI es en pesos, debe pagar el impuesto a las ganancias. Suena ridículo pero pasa», cuenta. Hay que tener en cuenta que en Uruguay una persona física paga impuesto a las ganancias de entre el 10% y 36%. Para alcanzar la alícuota máxima el trabajador debe ganar 519.000 pesos uruguayos por mes, el equivalente a US$12.000. Otro dato es que no existe el impuesto a los ingresos brutos ni a las transacciones financieras (cheque).