El terrorismo y la locura sin sentido, un flagelo que se extiende en un mundo donde la unión pareciera dar paso a la separación

Por estas horas una nueva tragedia conmueve a buena parte de la humanidad.

El reciente atentado de Las Vegas, el mayor que se tenga recuerdo según expresan los medios, quienes reportan hasta el momento 59 muertos y más de 500 heridos, lacera una vez más las heridas de un mundo convulsionado.

Es cierto que no todo es lo mismo y las diferencias son enormes cuando hablamos de atentados terroristas o de tiroteos como el que provocó la referida masacre de Las Vegas, pero en algún punto, hay cuestiones que confluyen.

Algo está pasando, algo no está andando del todo bien y si bien en términos cuantitativos, el número de muertes y heridos por vía de atentados de cualquier tipo y/o enfrentamientos, legítimos o no, es solo una pequeña muestra en un mundo que tiene hoy una población mundial del orden de los 7,600 millones de habitantes, ordenados en casi 200 estados soberanos (194 según reconocidos por la UN), con más algunas etnias y sectas reclamando sus derechos sobre tierras que, en algunos casos pudieran tener sentido y en muchos otros, el único es el de la dominación per se.

Algo está pasando decíamos y pareciera no ser refutable aun cuando la repetición de hechos que no dejan de asombrarnos no solo por su alcance sino por su “renovada creatividad”, nos asombran por algún rato para olvidarnos tan pronto como nos sorprendieron.

Es que, de alguna manera, el avance de la comunicación digital ha hecho todo más brutal, ya pocas cosas pueden esconderse, aun cuando todavía muchas más de lo que sería razonable.

La historia del hombre está plagada de barbarie y si bien el paso del tiempo supone que se nos ha permitido la acumulación de experiencia para acompañar una razonable evolución de nuestra especie, los hechos nos hacen dudar. El avance de las comunicaciones nos pone en la situación de ser testigos de primera mano en hechos que nos golpean haciéndonos casi protagonistas, nos impactan como seres humanos y luego olvidamos para en el mejor de los casos dejar flotando en algún lugar de nuestro ser.

Es que de alguna manera pareciera ser una vez más evidente aquella parábola que también describen los conocidos versos de Brecht. “Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.

Una vez más, es cierto que no todo es lo mismo y las diferencias pueden ser enormes según a que cuestiones nos refiéranos, pero las crueldades de todo tipo de expresión terrorista, de la que Isis pareciera ser hoy el principal protagonista, los “lobos solitarios” y sus impredecibles arranques de mortales consecuencias, las guerras justificadas y las que no (¿existirá alguna que tenga real sentido?) son solo los más visibles fenómenos de que algo no está andando bien, que las cosas están comenzando a desmadrarse y con algunas vinculaciones más o menos visibles, algunas otras cuestiones, muestran que el futuro luce más incierto que de costumbre.

Es que como se ha dicho, el avance de la comunicación digital hace todo mucho más brutal, sobre todo en un mundo que hace rato optó mayoritariamente por una globalización que hoy algunos cuestionan y otros quieren comenzar a abandonar.

El separatismo es un nuevo fenómeno cuyas consecuencias son hoy una verdad por revelarse.

Manejando por las calles de mi ciudad, escuchaba ayer la radio donde el conductor del programa, en una divertida parodia con relación a la cuestión el reciente referéndum de Barcelona, llamaba a sus oyentes a expresarse sobre la opinión que tenían respecto a que el estado en el que vivían, se separase y planteara su soberanía en un país como Uruguay que cuenta con 31 departamentos. La cuestión resultó ser muy divertida, tanto por las justificaciones de quienes con mucha chispa justificaban la separación, como por lo ridículo del tema. Debo confesar que fue un rato muy agradable, donde me quedó una vez más expuesto el ingenio, simpleza y templanza de este pueblo oriental que tanto admiro.

Un juego divertido que facilita la reflexión.

Sin pensar en los demás, difícilmente se hubiera avanzado tanto, sin trabajar en conjunto, seguramente todo hubiera sido mucho más difícil, pero este nuevo estadio de la humanidad donde la calidad de vida pareciera haber mejorado para buena parte de ella, requiere algunos esfuerzos nuevos, algún reposicionamiento, alguna mayor comprensión, pero por sobre todo, recordar que sin amor, el mundo de nosotros los humanos, seguramente caminará hacia su destrucción.