Cuba y el mito de McDonald’s

Por razones muy diversas, algunas inclusas antagónicas, Cuba ha resultado siempre interesante para muchos. Sin embargo, a partir del 17 de diciembre pasado, las cosas se miran desde otra óptica. Y es que pese a quien le pese y pase lo que pase, el camino del acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos ha emprendido un camino sin retorno, cambiando el panorama que se inició hace 55 años, cuando se abrió una grieta por la que, de alguna manera, ha sangrado no solo Latinoamérica sino América toda.

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Sin dudas, el último 17 de diciembre sonó el primer gran campanazo de esta nueva era entre estos dos “viejos rivales”. Como decían nuestros abuelos, para muestra basta un botón, pero para aquellos que no les resulta suficiente o simplemente se resisten a lo que está por venir, el histórico encuentro del pasado 11 de abril en la ciudad de Panamá entre Barak Obama y Raúl Castro le ha enviado una clara señal al mundo de lo que podemos esperar que suceda en los próximos tiempos.
En este ínterin, mostrándose solo como la punta de un inmenso iceberg, la sola mención de la palabra Cuba genera una gran movilización en casi todo el mundo. Es que “Cuba se ha puesto de moda” y todos, cada uno desde su propio interés, tienen los ojos puestos en la gran isla de El Caribe. Alcanza con mencionar que en el primer trimestre de este año el ingreso de visitantes extranjeros ha crecido un 14%.
Es que, “tenemos que ir”, “tenemos que ver qué pasa”, “tenemos que ver si hay oportunidades”, “tenemos que ver dónde están esas oportunidades”, “tenemos que ver si podemos tomar partido de lo que se viene”, “ tenemos que conocer de una buena vez esa isla”, “tenemos que …”. Cualquiera sea la intención, estas afirmaciones se han convertido en un clamor que suena ya con mucha fuerza tanto en América del Norte como en Europa y más allá. Tanto, que de alguna manera ese bramido terminará, tarde o temprano, venciendo la reacción de quienes se oponen a lo que finalmente terminará ocurriendo: el levantamiento del embargo.
En ese clamor, lo que más se escucha es aquello de “tenemos que ir antes que llegue McDonald´s”. Entre los europeos que todavía no han visitado Cuba y los americanos que hasta hace poco pensaban que se morirían sin poder hacerlo, es casi un lugar común decirlo, como si el posible desembarco de este abanderado del fast food fuera el anuncio del Apocalipsis cubano.
Suena pintoresco, pero está claro que probablemente McDonald´s se instale en La Habana y en otros importantes destinos de Cuba. Más allá de lo que suceda al respecto, el pueblo cubano no dejará que los seguidores de Ray Croc, los fanáticos del fast food y de las modas importadas, entreguen los valores que hacen a su identidad, solo por degustar un buen Big Mac. Y es porque esos valores les da sentido como el país más importante de El Caribe; son ni mas ni menos, aquellos valores y principios los que han sido tan importantes para sobrellevar las vicisitudes que el devenir de estos últimos 50 años.

Como escuché decir en La Habana, “quienes comentan aquello de McDonald´s no nos conocen, no saben nada de nosotros”. Incluso he oído frases como “los que mencionan lo de McDonald´s nos menosprecian, porque no solo no saben cómo somos, sino que no saben de nuestras capacidades, que estamos abiertos a todo el mundo pero no perdemos de vista quiénes somos ni a dónde vamos”.
Sin duda los años por venir serán fascinantes en Cuba porque la diversidad ampliará los horizontes como ha sucedido en la mayoría de los pueblos del mundo. Quizás no falte mucho para poder tomarse un mojito en “La Bodeguita del Medio” antes de comerse un Big Mac o  deleitarse con un daiquiri en el “Floridita” antes de una comida en TGI Fridays.
Para beneplácito de los propios cubanos, de los viajeros de todo el mundo que esperan encontrarse con esta tremenda cultura que ofrece la tierra de Martí, Fidel, el Che y tantos otros, y de los empresarios que ven en la fortaleza y valores de esa cultura uno de las razones por las que creen que invertir en Cuba, escenas como las mencionadas en el párrafo anterior serán actividades que no podrán dejar de hacerse.

Pero hay cosas que no se tocan, sino que se preservan y se enaltecen. Basta con ver la tremenda obra de recuperación de La Habana Vieja comandada por ese “monstruo” que es Eusebio Leal, el Historiador de la Ciudad. Con escasos recursos pero con mucha pasión y compromiso por su tierra, llevan adelante una obra inconmensurable de recuperación patrimonial y cultural, la de una belleza como La Habana, que dentro de poco será visitada por más de diez millones de turistas al año.
La mesa está servida. Bienvenidos son los hombres de buena fe a participar de este banquete que será el reverdecer de un pueblo que ha padecido la más grande grieta de la vida moderna merced a aquello de “uno es uno y sus circunstancias”, tal como decía el filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset.
Desde donde estén seguramente Compay Segundo, Celia Cruz y tantos otros que ya se fueron, entonarán esos sones de las maneras que solo ellos saben hacerlo para animar la fiesta e impulsar la danza que acompañe la celebración de este reencuentro de dos grandes.
Azúcar, tabaco y ron ¡Bienvenido el futuro, chico!