El turismo rural, una vía para la inclusión social

Promover el turismo en una región o país no consiste únicamente en crear la infraestructura adecuada para recibir a las personas que arriban en calidad de turistas, sino que los responsables de este sector deben ser conscientes de que esta actividad puede ser un motor para impulsar mejoras económicas y sociales en la población autóctona.

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En este sentido, está comprobado que el turismo rural cuando se desarrolla de manera planificada, permite reducir la pobreza, mejorar la integración regional y preservar el patrimonio tanto cultural como natural.

En este sentido, Perú ha demostrado cómo el turismo rural puede generar nuevos puestos de trabajo y motorizar la economía de zona alejadas de las grandes urbes. En este sentido, según  el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), un total de 660 familias de ocho comunidades campesinas de los distritos de Pisac, Lamay, Coya, Urubamba, Ollantaytambo, Amaru, Huayllafara, Janan Chuquibamba, Chumpe, Patabamba, Chibubamba, Cachiccata y Socma, en la región Cusco, se benefician con el Programa de Turismo Rural Comunitario, en el marco del cual estos pequeños productores encuentran un marco para diversificar sus actividades, incluyendo la elaboración de comidas típicas regionales,  artesanías y  servicios de guiados.

Sin dudas, los turistas llegan a estas tierras no solo con dinero y deseos de vivir experiencias memorables. En este contexto, plantear estrategias para el desarrollo económico de comunidades rurales vinculadas al turismo es una alternativa para contribuir a que estas personas mantengan su idiosincrasia y costumbres, en beneficio de la población rural.

En América latina existen cientos, quizás miles de comunidades rurales que podrían ser incluidas dentro de las estrategias vinculadas con el turismo. Es cuestión de pensar a largo plazo, sin perder de vista el cuidado del medioambiente y la riqueza cultural de estas poblaciones.