¿Todas las ciudades pueden ser turísticas?

Aunque a simple vista quizás no se note, lo cierto es que el turismo es una de las actividades culturales y económicas más importantes con las que puede contar una ciudad, un país o incluso una región.

¿Por qué? Si bien las razones son numerosas, existen dos pilares fundamentales: por un lado, el ingreso transitorio de personas hace que la actividad económica del centro turístico se dinamice. De hecho, hay muchísimos ejemplos que evidencian cómo la actividad turística genera obras de infraestructura, empleos, crecimiento del transporte en general, creación de establecimientos hoteleros y gastronómicos, entre otros.

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El otro pilar tiene que ver con el factor sociocultural. Y es que a través de esta actividad, las personas nos relacionamos con otras culturas, otros paisajes, otras tradiciones, idiosincrasias y geografías. Se trata de una experiencia sumamente enriquecedora para el ser humano ya que, si bien todo esto puedo conocerse a través de bibliografía, fotos e Internet, cuando el turista interactúa de manera directa con las realidades de cada lugar, el aprendizaje y la sensación sobre lo percibido es radicalmente distinto. Es por este motivo que, a pesar de los avances de la tecnología y de opciones como Street View, de Google, y aplicaciones de realidad aumentada que permiten “viajar” a través de la computadora, lo cierto es que las personas aún lo hacemos trasladándonos físicamente de un lugar a otro, por más lejano que sea.

Alternativas para todos

Si tenemos en cuenta que el turismo implica todas aquellas actividades que tienen relacionadas con visitar regiones o espacios en los que uno no vive de manera permanente, está claro que el abanico de opciones es inmenso porque podemos hablar de  turismo de aventura,  cultural, de relajación, de entretenimiento, mini-turismo y más. Asimismo, en cada lugar se pueden desarrollar actividades para distinto tipo de público, ya sea joven, tercera edad, gay, familia, parejas y la lista continúa.

Por todo esto, no hay que rendirse a la posibilidad de no ser un punto turístico porque no se cuenta con playa o montañas, porque no se libró ahí una revolución ni nació un gran prócer: siempre hay que buscar alternativas y acudir al asesoramiento de expertos para crear un plan que logre que el turismo impulse a una ciudad y, por ende, a  toda su sociedad.