Un «relato» que llegó hasta el turismo

Pese a las referencias optimistas que provee el discurso oficial, el sector vive un difícil momento por la caída de visitantes extranjeros. Editorial La Nación, 12/03/13

Las constantes referencias cargadas de optimismo por parte de representantes del gobierno nacional respecto del crecimiento del turismo en el país y de la cantidad de argentinos que vacacionan en el exterior parecen seguir la lógica de un nuevo tipo de «relato» dentro de la larga lista de adecuaciones que cotidianamente realizan las autoridades respecto de lo que realmente sucede en el país.

Sin embargo, los últimos informes provenientes del sector hotelero argentino muestran a éste atravesando un momento difícil y lejano del discurso oficial. Como consecuencia de la inflación, la inseguridad, la crisis europea y el mal clima de negocios (que reduce la cantidad de ejecutivos foráneos que visitan el país), en 2012 los hoteles del país recibieron medio millón de visitantes extranjeros menos que un año atrás. Los más afectados son los hoteles de 4 y 5 estrellas, y los de la región patagónica.

Más allá de la simple observación de lo que ha venido sucediendo en materia turística interna en nuestro país en el actual verano y de las declaraciones de los representantes del sector respecto de las pérdidas registradas, vale la pena citar una medición oficial sobre una situación que poco tiene que ver con declaraciones triunfalistas, pues se trata de un problema que viene de arrastre del año pasado, con el cepo al dólar y el crecimiento del índice inflacionario.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el año pasado se hospedaron en el país 4.297.430 viajeros no residentes, 515.624 menos (o 10,7% menos) que en 2011. Pese al crecimiento del 1% en el turismo interno, se registró una caída del 1,8% en el número total de visitantes a los establecimientos hoteleros y «parahoteleros» (albergues, cabañas, hosterías, etcétera).

La explicación hay que buscarla principalmente en las consecuencias de nuestro creciente proceso inflacionario y de desafortunadas medidas económicas dispuestas por el Gobierno.

Básicamente, los turistas extranjeros decidieron viajar menos a la Argentina, pues les resulta más caro que en años anteriores. El fuerte atraso del tipo de cambio oficial ha disminuido sensiblemente su poder de compra. La única diferencia que podrían hacer nuestros visitantes extranjeros pasaría por traer dólares de afuera y liquidarlos en el mercado informal para hacerse de pesos, por lo que esas divisas no pasarían a acrecentar las arcas del Banco Central.

Sin dudas, la Argentina ha pasado a ser un país muy caro para el turista que viene de otros países, lo cual afecta tanto el costo de los servicios turísticos como la posibilidad de realizar compras en nuestro país. A esto hay que añadir que no pocos bienes que antes podían adquirirse sin problemas en la Argentina hoy han comenzado a escasear o han desaparecido por completo, como consecuencia de la fuga del país de determinadas marcas internacionales o de las fuertes trabas a la importación.

Otro aspecto que incide en la caída de los visitantes extranjeros se relaciona con la inseguridad. Tanto el temor a sufrir delitos comunes como las recurrentes demoras que se producen a diario por los frecuentes piquetes y movilizaciones de protesta, sumados a la deficiente infraestructura en materia de transportes, contribuyen a ahuyentar a los potenciales visitantes de ciudades como Buenos Aires.

También según un diagnóstico de HVS Sudamérica, consultora especializada en turismo, la caída en el turismo de negocios tiene un impacto muy fuerte en el turismo receptivo, y de manera especial en los hoteles de cuatro y cinco estrellas, donde hasta el 65% del total de huéspedes suelen ser hombres de negocios del exterior.

No es muy diferente la realidad para el turista local, pues el mercado interno siguió perdiendo dinamismo como consecuencia del encarecimiento de precios medidos en dólares.

En esa franja, entonces, hay que inscribir a los argentinos que pasan sus vacaciones fuera del país -que obviamente son una minoría-, donde muchas veces terminan hallando precios mucho más tentadores que en el mercado local.

Curiosamente, esta situación se da cuando cada vez son más los feriados y fines de semana largos que pueblan nuestro almanaque. A falta del crecimiento del turismo internacional y de la baja en el consumo de quienes optaron por visitar nuestro país se suma un movimiento interno cada vez más acotado y con menores gastos también como consecuencia de la inflación y del aumento de los precios locales medidos en dólares.

Un estudio del portal de la industria turística Rèport en Línea sostiene que, pese al optimismo oficial de que durante los primeros meses de 2013 se revertiría la tendencia, todo parece indicar que no es así. Los números de diciembre -cita la publicación especializada-, que se esperaba que fueran algo más alentadores, muestran una continuidad en el crecimiento del turismo emisivo y una nueva caída del receptivo.

Estimular la actividad turística en su conjunto será un desafío mayúsculo para el país, pues si no se logra atraer a los extranjeros y, pese a que hay más feriados, los argentinos no deciden viajar por el interior, será difícil mantener dinámico el sector. Claro que revertir esta situación no requerirá más medidas intervencionistas ni mayores impuestos sobre los paquetes turísticos al exterior, sino una política económica más racional, reales garantías de seguridad y medidas de aliento al turismo local.as constantes referencias cargadas de optimismo por parte de representantes del gobierno nacional respecto del crecimiento del turismo en el país y de la cantidad de argentinos que vacacionan en el exterior parecen seguir la lógica de un nuevo tipo de «relato» dentro de la larga lista de adecuaciones que cotidianamente realizan las autoridades respecto de lo que realmente sucede en el país.

Sin embargo, los últimos informes provenientes del sector hotelero argentino muestran a éste atravesando un momento difícil y lejano del discurso oficial. Como consecuencia de la inflación, la inseguridad, la crisis europea y el mal clima de negocios (que reduce la cantidad de ejecutivos foráneos que visitan el país), en 2012 los hoteles del país recibieron medio millón de visitantes extranjeros menos que un año atrás. Los más afectados son los hoteles de 4 y 5 estrellas, y los de la región patagónica.

Más allá de la simple observación de lo que ha venido sucediendo en materia turística interna en nuestro país en el actual verano y de las declaraciones de los representantes del sector respecto de las pérdidas registradas, vale la pena citar una medición oficial sobre una situación que poco tiene que ver con declaraciones triunfalistas, pues se trata de un problema que viene de arrastre del año pasado, con el cepo al dólar y el crecimiento del índice inflacionario.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el año pasado se hospedaron en el país 4.297.430 viajeros no residentes, 515.624 menos (o 10,7% menos) que en 2011. Pese al crecimiento del 1% en el turismo interno, se registró una caída del 1,8% en el número total de visitantes a los establecimientos hoteleros y «parahoteleros» (albergues, cabañas, hosterías, etcétera).

La explicación hay que buscarla principalmente en las consecuencias de nuestro creciente proceso inflacionario y de desafortunadas medidas económicas dispuestas por el Gobierno.

Básicamente, los turistas extranjeros decidieron viajar menos a la Argentina, pues les resulta más caro que en años anteriores. El fuerte atraso del tipo de cambio oficial ha disminuido sensiblemente su poder de compra. La única diferencia que podrían hacer nuestros visitantes extranjeros pasaría por traer dólares de afuera y liquidarlos en el mercado informal para hacerse de pesos, por lo que esas divisas no pasarían a acrecentar las arcas del Banco Central.

Sin dudas, la Argentina ha pasado a ser un país muy caro para el turista que viene de otros países, lo cual afecta tanto el costo de los servicios turísticos como la posibilidad de realizar compras en nuestro país. A esto hay que añadir que no pocos bienes que antes podían adquirirse sin problemas en la Argentina hoy han comenzado a escasear o han desaparecido por completo, como consecuencia de la fuga del país de determinadas marcas internacionales o de las fuertes trabas a la importación.

Otro aspecto que incide en la caída de los visitantes extranjeros se relaciona con la inseguridad. Tanto el temor a sufrir delitos comunes como las recurrentes demoras que se producen a diario por los frecuentes piquetes y movilizaciones de protesta, sumados a la deficiente infraestructura en materia de transportes, contribuyen a ahuyentar a los potenciales visitantes de ciudades como Buenos Aires.

También según un diagnóstico de HVS Sudamérica, consultora especializada en turismo, la caída en el turismo de negocios tiene un impacto muy fuerte en el turismo receptivo, y de manera especial en los hoteles de cuatro y cinco estrellas, donde hasta el 65% del total de huéspedes suelen ser hombres de negocios del exterior.

No es muy diferente la realidad para el turista local, pues el mercado interno siguió perdiendo dinamismo como consecuencia del encarecimiento de precios medidos en dólares.

En esa franja, entonces, hay que inscribir a los argentinos que pasan sus vacaciones fuera del país -que obviamente son una minoría-, donde muchas veces terminan hallando precios mucho más tentadores que en el mercado local.

Curiosamente, esta situación se da cuando cada vez son más los feriados y fines de semana largos que pueblan nuestro almanaque. A falta del crecimiento del turismo internacional y de la baja en el consumo de quienes optaron por visitar nuestro país se suma un movimiento interno cada vez más acotado y con menores gastos también como consecuencia de la inflación y del aumento de los precios locales medidos en dólares.

Un estudio del portal de la industria turística Rèport en Línea sostiene que, pese al optimismo oficial de que durante los primeros meses de 2013 se revertiría la tendencia, todo parece indicar que no es así. Los números de diciembre -cita la publicación especializada-, que se esperaba que fueran algo más alentadores, muestran una continuidad en el crecimiento del turismo emisivo y una nueva caída del receptivo.

Estimular la actividad turística en su conjunto será un desafío mayúsculo para el país, pues si no se logra atraer a los extranjeros y, pese a que hay más feriados, los argentinos no deciden viajar por el interior, será difícil mantener dinámico el sector. Claro que revertir esta situación no requerirá más medidas intervencionistas ni mayores impuestos sobre los paquetes turísticos al exterior, sino una política económica más racional, reales garantías de seguridad y medidas de aliento al turismo local.

 

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