La paciencia y el sufrimiento son fundamentales, Adriá dixit

El chef español Ferran Adriá, tan admirado como resistido,  está en Argentina y ha atrapado la atención de miles de personas ansiosas por conocerlo y escuchar de primera mano su visión de la cocina y, por que no, del hombre y del mundo.

A pesar de viajar tanto y de disfrutar de visitar buenos restaurantes no he tenido la oportunidad de conocer El Bulli, su templo, el célebre restaurante donde Adriá sorprendió al mundo gastronómico con su conocida cocina molecular, esta será en todo caso para mí una deuda imposible de saldar hasta Septiembre de 2014 cuando El Bulli reabra al público reconvertido en una nueva caja de Pandora dispuesta a sorprender tanto a «tirios como troyanos».

A esta altura ya no es una novedad, pero El Bulli ha sido un restaurante que abría solo seis o siete meses del año y sus seguidores hacían sus reservas con una antelación de al menos una temporada para la otra, really amaizing, but true. Nada al lado de estos cuatro años que habrá que esperar para conocer las nuevas sorpresas que Adriá prepara para su mencionada reapertura en el 2014.

Dicho ya que no he experimentado El Bulli, valga la pena comentar que si he conocido al menos algún esbozo de lo que ha de haber sido su cocina a través de varios de aquellos que se han dicho sus discípulos, seguidores o simplemente imitadores, con todo respeto en este caso a aquellos que hacen de la imitación una tarea profesional. En mi caso se trataron de experiencias divertidas, pero definitivamente irrepetibles en lo gastronómico, nunca he vuelto a uno de esos restaurantes, y no porque precisamente no haya tenido oportunidad de hacerlo.

En fin, espero que en algún momento del 2014 ó del 15 o cuando pueda y consiga reserva pueda comprender de que se trata no ya lo que fué sino lo que esta por venir. Que en definitiva creo resulta lo más atrapante de la visita del célebre chef a la Argentina.

En la conferencia de prensa que diera en el Four Seasons Buenos Aires, Adriá hizo gala de demostrar que los miles de fans que agotaron los tres mil trescientos sitios para la charla que dará en el teatro Gran Rex no quedarán defraudados.

No solo respondió todo lo que se le preguntó sin obviar ni evitar detalles, sino que se explayó sobre casi todo lo que le vino en ganas en ese momento.

Así fue que se permitió hablar sobre el no menos célebre Lionel Messi, el futbolista que deslumbra al mundo en el Barcelona y no logra repetir su performance cuando se calza  la camiseta de su país. La mención a Messi no ha sido precisamente para hablar de fútbol ni regodearse por lo que el Barcelona significa hoy en el mundo del fútbol, sino para aprovechar a mencionar el valor de la sencillez, de lo normal, de lo humano.

Allí entonces pareciera que, al margen del lugar que uno quiera ponerse respecto de lo que la cocina de Adriá pueda ser es o dejar de ser, él demostró y sobre todo convalidó «algunas pequeñeces» que son el sustento de las grandes cosas.

«Hay que seguir buscando el talento, pero no con los jóvenes que quieren ser como Steve Jobs a los 25 años. La paciencia y el sufrimiento son fundamentales. Y hay que ser respetuosos con los viejos cocineros, esos que tendrán que entender que acá hay jóvenes talentosos, que son los que harán el gran cambio.»

«Yo no soy ni multimillonario ni Superman, el problema es que no nos atrevemos

Gracias Adriá, reconforta recordar aquellos valores que tanto nos enseñaron cuando éramos chicos.

No sé como era por allí, en mi barrio, en mi ciudad, en el país en que nací, el esfuerzo, el sacrificio, el amor por la tarea que se hace, el respeto por uno y por los otros, el saber que se puede contar con el otro y el otro lo puede hacer también conmigo, el valor de la palabra empeñada, la sencillez, entre algunos otros, fueron valores aprendidos con el ejemplo de nuestros abuelos y padres, que hicieron crecer este país maravilloso que, por momentos, añora tiempos pasados.

El futuro es y será siempre espectacular, axioma grabado a fuego desde joven pareciera a veces ponerse en duda, sin embargo estoy convencido que si «nuestros viejos cocineros» tienen presentes que existen jóvenes talentosos dispuestos a honrar las enseñanzas de sus bisabuelos y abuelos, capaces de comprender que el éxito personal y profesional necesita, entre otras cuestiones, mucha paciencia y al menos algo de sufrimiento, estoy seguro que el país honrará los frutos que la tierra y la naturaleza pusieron a su disposición y nuestros jóvenes la satisfacción de llegar a su edad madura felices y satisfechos de sus logros personales y su contribución al destino que el país y su gente se merecen.

Creo en ese futuro y es nuestro deber  colaborar para que los jóvenes hagan el gran cambio que el país necesita y espera.

Lima, Perú, Noviembre 3 de 2011