No hay peor realidad que la que no se quiere ver. Acerca de las elecciones primarias en Argentina

Nunca más a cuento aquellos logrados versos de Joan Manuel Serrat, “Del derecho y del revés uno siempre es lo que es y anda siempre con lo puesto. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.”

Diseño de imagen: Alexis Moyano para Perfil.com

Al momento de escribir estas líneas, con el 96,8% de mesas escrutadas, en una elección que contó con una altísima participación, estimada en el 77%, la victoria del oficialismo resulta, tal como manifestara el vocero del gobernador de la provincia de Buenos Aires a poco de cerrado los comicios, Aplastante.

Es que el 50,07% logrado por el oficialismo no solo augura un desafío enorme para una oposición que se ha planteado como objetivo intentar forzar una segunda vuelta en las próximas elecciones presidenciales del próximo mes de octubre, sino que confirma que “el modelo” se encamina, sin mucho esfuerzo adicional, a ser ratificado como el camino a seguir.

En los días previos a estas peculiares elecciones primarias que por primera vez se instalan en la Argentina con la excusa de dar un paso de calidad en el camino de la democracia que el país ha emprendido desde 1983, se especulaba con que si el oficialismo superaba el 40% o se acercaba incluso al 45%, quedaría inmerso en la sociedad la idea que el partido gobernante sería muy difícil de derrotar en la próxima elección presidencial. Por la otra parte, la oposición, especulaba con que un resultado del oficialismo que rondara en el orden del 35% y una segunda fuerza que pudiera alcanzar algún guarismo del orden del 20%, plantearía un escenario de que la idea de la segunda vuelta era una realidad posible. Y en este último marco, la misma vertiente especulaba que esa segunda vuelta sellaría la derrota de la fuerza que gobierna los destinos del país “porque la sociedad ya ha dicho basta a esta forma de hacer política”.

Pero la única realidad ha sido que los números han resultado finalmente muy claros, las urnas se expresaron y han dejado muy pocas dudas y una gran confirmación.

El 50,02% obtenido por la Sra. Presidente, contra el 12,17% de Alfonsín y el 12,16% de Duhalde, quienes, oh paradojas de la vida, no han podido develar lo que ambos han venido afirmando por separado en sus respectivas campañas, “somos los claros segundos en la intención de voto de las primarias”, ha confirmado casi sin lugar a dudas, que salvo un milagro o una catástrofe, la Sra. Presidenta se encamina a una reelección sin sobresaltos en primera vuelta. Ni Alfonsín ni Duhalde han logrado encaramarse como claros segundo y a esta altura pocos comienzan a considerar serio que sean capaces de ”darle un susto al gobierno en octubre”.

Al mismo tiempo que el oficialismo se ha encontrado con un escenario superior al esperado, la oposición y principalmente el radicalismo y el peronismo que se ha congregado atrás de las figuras de Duhalde y Rodríguez Saa  (7,7%), se encuentran no solo frente al desafío de descubrir cual será la mejor estrategia de cara a las elecciones del próximo 23 de octubre, sino a comprender cual será el futuro más allá de la referida elección.

Para muchos dirigentes, pareciera haber llegado el momento de comenzar a desandar el camino del retiro, no porque así lo deseen en su fuero más íntimo, sino porque la sociedad parece haberles hablado claro como nunca antes.

Al margen de esas cuestiones, la elección de ayer ha dejado algunas otras conclusiones.

En primer lugar la buena elección de Binner (10,5%), una nueva alternativa a los dos tradicionales grandes partidos argentinos, nacida en el interior del país que, aun con los condicionamientos de su origen, su escaso poder de penetración a nivel nacional, ha logrado llegar con su mensaje de que una nueva forma de hacer política es posible.

En segundo lugar, la muy mala elección de la Coalición Cívica con solo el 3,24%, ha provocado una reacción no solo inesperada para mucho de sus votantes, sino incomprensible para su discurso, cual es que la Sra. Elisa Carrió no haya dado la cara haciendo conocer su posición respecto de los resultados. Es que sin duda, como pocos de lo que tengan que comenzar a hacerlo, ella ha tomado conciencia ya que la hora del retiro se le ha plantado despiadadamente en su camino, al menos en lo que hace a sus aspiraciones de llegar a ser alguna vez Presidente de los argentinos.

Finalmente, con todo respeto por las condiciones particulares del Sr. Altamira y de los valores, principios y objetivos planteados por él y su fuerza Frente de Izquierda, los cuales merecen toda consideración, vale la pena destacar la confirmación de la fuerza de las redes sociales.  Con un 2,48% y muy cerca de los guarismos de la Coalición Cívica, Altamira se ha asegurado su participación en las próximas elecciones presidenciales superando el piso del 1,5% impuesto por el nuevo régimen electoral.

Ante este panorama, a la hora de analizar la realidad que tan claramente se manifiesta esta mañana a la luz de los resultados de ayer, algunas cuestiones merecen destacarse.

Guste o no, el partido gobernante ha demostrado que ejerce el poder expresando, como nadie, aquello que somos. Aquello que algunos dicen no querer y sin embargo han terminado aceptando como lo que garantiza el estado de bienestar que sienten disfrutar.

En las últimas semanas mucho se habló del voto vergonzante que terminaría beneficiando al candidato Duhalde y por tanto elevando sus expectativas de intención del voto, sin embargo, si hay algo que ha quedado claro es que el voto vergonzante ha sido el de aquellos quienes  no reconocieron que finalmente votarían por Cristina.

La señora Presidente ha ratificado ser la líder de la mayoría del pueblo argentino, el resto, salvo alguna honrosa excepción, han dejado de manifiesto que no tienen capacidad de oír la voz la voz del pueblo que dice representar en sus aspiraciones de cambio.

Tanto el radicalismo, como el peronismo disidente o no oficialista, y muy en especial sus principales dirigentes y colaboradores, no terminan de aceptar que lo único que debieron reconocer inmediatamente después del aplastante triunfo del oficialismo, fue la oprobiosa derrota que recibieron.

Desde esa actitud resulta poco creíble que se pueda poner en práctica una estrategia razonable para enfrentar el futuro. Resulta cuasi imposible discernir un tratamiento sin primero contar con un adecuado diagnóstico. Y salvo en las actitudes de Binner y Altamira, los cuales por cierto están afuera de poder ser considerados parte de los derrotados de anoche, no se ha visto nada de eso en el resto de los candidatos y sus principales adláteres.

El 50% de la sociedad ha ratificado claramente el camino emprendido hace ocho años, en tanto el otro 50% deambula sin rumbo en busca de un destino que no termina de comprender, vislumbrar o poder hacer suyo.

Será tal vez que es cierto aquello que, “Del derecho y del revés uno siempre es lo que es y anda siempre con lo puesto. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.”

 

 

 

 

15/08/2011